| Anuncios destacados |

Bienvenidos a nuestra Página!

| Nota principal |

 

Abrimos las puertas de nuestra querida Unión de las Asambleas de Dios, para que Ud. puede conocernos, saber quines somos, qué es lo que estamos haciendo, cómo lo estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo. Por la inmensa misericordia del Señor, hemos podido comprobar que la Palabra de Dios también hoy es viva y eficaz. Hace más de dos mil años, que los primeros que anunciaron el Evangelio, experimentaron la intervención sobrenatural de Dios por medio de Su Santo Espíritu. Lo mismo nos sucede a nosotros, pues aún hoy, el Señor sigue manifestándose por medio de Su Santo Espíritu, haciendo señales, prodigios y milagros. En todo este tiempo, puedo decir que Dios ha sido, es y será fiel.

Deseamos bendecirle y mantener este contacto.

Por la Unión de las Asambleas de Dios, le saluda muy atte.


Enrique Walter Strohschein
Presidente Nacional

 

El privilegio de participar

| Saludo 2013 |

 

¡Qué ganas de vivir el 2013! ¡Qué ganas de seguir gozando el privilegio de participar! Aun, como la primera vez que lo leí, las palabras que transcribe Pablo como literales de parte de los hermanos Macedonios siguen siendo un impulso renovador: «pidiéndonos con muchos ruegos que le concediésemos el privilegio de participar»

Participar es ser parte
Ser parte no es perder la individualidad o particularidad de cada uno, pero sí tener una identidad con el todo. «Todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo. Miembros cada uno en particular» Así lo internalizaron los Macedonios, «Somos parte, así lo sentimos, te rogamos que aun en nuestra necesidad, no nos prives del privilegio de participar en el bien del cuerpo».
Este sentir, va más allá y nada tiene que ver con el peso y el malestar que puede provocar una obligación,sino se nutre de la alegría y la paz que genera un estado que se siente como un privilegio.

Participar es tomar parte
Me gusta una definición "lisa y llana" que expresa: «participar es tomar parte activa en algo común, intervenir, colaborar en algo que es obra conjunta de varios». En la riqueza que nos brinda nuestra lengua, encontramos sinónimos que nos dan luz al respecto de participar: Cooperar, colaborar, contribuir, intervenir, componer, concurrir y otros. No es ser un mero partidario, que puede leerse como un simple simpatizante o afiliado, sino un partícipe, que en virtud de un acuerdo con un fin común se involucra ayudando conforme a sus fuerzas y ¿por qué no? «más allá de sus fuerzas» como lo evaluó el apóstol de parte de los Macedonios.

Participar es tener parte
A mi entender una clave del hecho que nos convoca. «Tengo parte, lo siento como mío» Hay un sentir de pertenencia. Sé, de manera muy categórica, que el Administrador Fiel sabe que sólo es un mayordomo de la Gracia que le ha sido dada y debe ser consciente que deberá rendir cuentas al Señor, más en la práctica hay un sentir en el manejo de los concedido tal como si fuera propio, que no se funda ni se trasluce desde un derecho, sino en una entrega total, en la estima y vigor que evidencia, en palabras de Pablo «en acabar la carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor Jesús», Hch. 20:24

No te abstengas, no te sientas la margen. Todos gozamos de este privilegio, que no solo nos hace parte sino que nos hace tener parte. Al margen quedan aquellas cosas que hacen diferencias, sino se fortalece aquello que nos une y por cierto el premio que recibiremos todos «Bien, buen siervo y fiel, sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo de tu Señor».


Gustavo Omar Calardo
Tesorero Nacional

 

| NUEVO |

| Mayo 2013 |

¡REGOCIJAOS!



«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos!.» Filipenses 4:4


En la carta a los Filipenses, el apóstol Pablo presenta un imperativo al pueblo de Dios:
«Regocijaos siempre».

 

Pablo había sido arrestado y enviado a Roma para esperar su juicio. Había pasado días y noches en una prisión oscura y fría, con hambre. Luego había sido encadenado a un soldado romano, circunstancia que garantizaba que Pablo no se escaparía. Sin embargo, en esa circunstancia, en la que no parecía quedar más esperanza que una pronta decapitación, el apóstol todavía se mostraba capaz de reflejar una sonrisa en su rostro y exclamar «¡Regocijaos en el Señor siempre!»


En los días en que nos toca vivir, las circunstancias adversas que a diario se presentan, las noticias que no son buenas, los comentarios negativos que llegan a nuestros oídos aún sin buscarlos y las diferentes situaciones que debemos enfrentar muchas veces sin saber porque, pueden hacernos perder el gozo del Señor, que se traduce en pérdida de fuerzas para realizar la tarea que él nos encomendó.


Cuando entendemos el regalo del perdón a través del sacrificio de Jesús, cuando entendemos y aceptamos el concepto de la eternidad, cuando entendemos lo que Dios ya hizo por cada uno de nosotros, tenemos razones más que suficientes para experimentar ese sentir absoluto que dominaba la vida del apóstol Pablo, sin importar la circunstancia presente en la cual podamos encontrarnos.
Si somos incapaces de regocijarnos en el Señor es porque hemos permitido que nuestros ojos se estanquen en el presente y no pensar en el futuro glorioso que nos espera de acuerdo a Sus promesas.


Lo más hermoso de regocijarse siempre en el Señor es que produce reacciones positivas en la vida de todo hijo de Dios. Pablo describe las siguientes reacciones que ocurren cuando nos regocijamos en el Señor: Nuestra gentileza será evidente ante todos, no estaremos ansiosos por nada, y en nuestras oraciones estaremos llenos de agradecimiento por la guía de Dios en nuestra vida. Cuando mostramos nuestro regocijo a Dios no por lo que él hace o hará, sino por lo que ya hizo por nosotros en la cruz, él interviene en nuestros problemas de ministerio, de salud, de finanzas, en nuestro trato con nuestros hijos y con las personas que nos rodean.


Cuando vivimos una vida llena de regocijo en Jesús, nos centramos no en los problemas que estamos enfrentando, sino en la solución que Dios nos puede dar. Las palabras de Pablo parecen no reflejar su situación de abandono en prisión, esperando una muerte segura.
Esas palabras reflejan y representan una promesa que hoy podemos experimentar y hacer una realidad en nuestra vida. ¡Regocíjense siempre!


Mario J. Astellano
Vicepresidente Nacional