
Abrimos las puertas de nuestra querida Unión de las Asambleas de Dios, para que Ud. puede conocernos, saber quines somos, qué es lo que estamos haciendo, cómo lo estamos haciendo y por qué lo estamos haciendo. Por la inmensa misericordia del Señor, hemos podido comprobar que la Palabra de Dios también hoy es viva y eficaz. Hace más de dos mil años, que los primeros que anunciaron el Evangelio, experimentaron la intervención sobrenatural de Dios por medio de Su Santo Espíritu. Lo mismo nos sucede a nosotros, pues aún hoy, el Señor sigue manifestándose por medio de Su Santo Espíritu, haciendo señales, prodigios y milagros. En todo este tiempo, puedo decir que Dios ha sido, es y será fiel.
Deseamos bendecirle y mantener este contacto.
Por la Unión de las Asambleas de Dios, le saluda muy atte.
Enrique Walter Strohschein
Presidente Nacional

¡Claro que sí! Soy un agradecido. ¿Cómo no serlo? Agradecido a Dios que me ha permitido ser testigo de su Poder, extendiendo mi gratitud a la fraternidad en la persona de los pastores, que en su siembra generosa y ricos en toda liberalidad, producen abundantes acciones de gracias a Dios.
Esta gratitud se amplifica en el entorno de nuestra infaltable cita anual, la Convención Nacional, que nos convoca a seguir avanzando en la gracia del Diseñador por excelencia. Dios, quien como lo subraya el apóstol, trazó en perfección los «todos» que tienen que ver con nuestra finanza y administración al respecto.
«Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.» 2 Co. 9:8.
En principio «poderoso para hacer abundar en vosotros toda gracia». Superabundante, como posteriormente la califica. Y en lo que es propio a todo buen diseño, con un fin, fruto y resultado del plan trazado, «tener todo lo suficiente». Sin que falte nada, abarcando «todas las cosas». Sin interrupciones temporales, es decir «siempre, en todo tiempo». Con un alcance que trasciende más allá de nuestras personas, capacitándonos y habilitándonos a «abundar en toda buena obra».
Hay diseño de victoria y multiplicación para los hijos de Dios. Hay diseño de triunfo para la Iglesia, llamada a ser sal y luz. Hay diseño de Dios. Avancemos en él.
Mi afecto especial y particular a toda la gran familia de la UAD.
Gustavo Omar Calardo
Tesorero Nacional
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| Febrero 2012 |
Y Josué dijo al pueblo: «Santificaos, porque Jehová hará
mañana maravillas entre vosotros». Josué 3:5
Cuando Moisés murió, Dios estableció a Josué como su sucesor. Es emocionante y significativa la ceremonia en que, por orden de Dios, le traspasó el mando: «Y Moisés hizo como Jehová le había mandado, pues tomó a Josué y lo puso delante del sacerdote Eleazar, y de toda la congregación; y puso sobre él las manos, y le dio el cargo, como Jehová había mandado» (Núm. 27:22-23).
Debido a la transmisión del liderazgo, el pueblo de Israel necesitaba una señal de que Josué contaba con la aprobación y guía divina para obtener la victoria en la conquista de Canaán. Dios sabía que el pueblo necesitaba una señal y decidió manifestarse en la vida de Josué al cruzar el río Jordán. «Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que, como estuve con Moisés, así estaré contigo» (Jos. 3:7).
Dios ordenó a Josué que los sacerdotes llevaran el arca a la orilla de! río, el cual se había desbordado debido a los deshielos que ocurren cada primavera en el Líbano, donde están las fuentes del Jordán. El pueblo de Israel observó con gran emoción mientras los sacerdotes tomaban el arca y marchaban firmes hacia las turbulentas aguas.
¿Ocurriría lo que Dios había prometido? Sus palabras fueron: «Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón» (Jos. 3:13).
El río no detuvo su caudal mientras los sacerdotes iban marchando cerca de la orilla. Las aguas solo se detuvieron cuando los sacerdotes mojaron sus sandalias en el agua. Dios esperó hasta que ellos dieran el primer paso. Esperó hasta que mojaran sus sandalias en el agua para revelar su mano poderosa.
Dios siempre nos enseña a confiar en él. Nos guía por un camino que parece imposible de transitar; nos lleva a través de circunstancias que no entendemos. Después de todo, si supiéramos exactamente el resultado del camino por el cual Dios nos está guiando, no necesitaríamos fe.
Confiemos en su dirección. Dios espera que des el primer paso de fe. Quiere que te mojes las sandalias para poder mostrarte la grandeza de su poderosa intervención: Avanza por fe en las promesas de Dios y él hará grandes cosas por ti. ¡Mójate las sandalias!
Mario J. Astellano
Secretario Nacional